viernes, 30 de septiembre de 2016

EL APEGO

No hay que llenar vacíos, hay que habitar espacios.
Hay un capítulo de la vida llamado desapego. Es la cualidad que permite establecer con las personas, con las cosas y con las etapas de la vida una relación de autonomía, de autenticidad.
El desapego se relaciona con el abandono del ansia y del deseo, que, en la filosofía oriental, son consideradas generadores de dolor y sufrimiento.
No poder desapegarse de una persona, de un hábito, de una idea, de un objeto, lleva a establecer con ellos relaciones de posesión o de sumisión.
El apego es una actitud que nos deja encadenados al pasado, mientras tanto la vida continua sucediendo.
Niñez, adolescencia, madurez, vejez. Primavera, verano, otoño, invierno. Amanecer, día, atardecer, noche. Siembra, cosecha.
Nuestra existencia será más armónica si acompañamos esos ciclos naturales. Cuando así no ocurre, la vida no fluye, sus aguas se estancan.
El apego a una relación, a una costumbre, a un espacio, a una actividad, a una idea, a una práctica, puede llegar a ser tóxico o disfuncional.
El apego traba nuestro andar por la vida, carga nuestro equipaje con lo innecesario, nos impide escoger lo necesario.
El desapego es el arte de soltar.
Jorge Sinay

jueves, 29 de septiembre de 2016

Persistentes


Están los que usan siempre la misma ropa…

Están los que llevan amuletos o se hacen promesas.
Los que imploran mirando al cielo y los que creen en supersticiones.
Y están los que siguen corriendo, cuando las piernas le tiemblan.

Están los que siguen jugando cuando se les acabó el aire.
Los que siguen luchando cuando todo parece perdido.
Ellos están convencidos de que la vida es un desafío en si misma.

Sufren pero no se quejan, saben que el dolor pasa,
el sudor se seca, el cansancio se termina…

Saben que hay algo que nunca desaparecerá:
La satisfacción de lograr un sueño.

Sus cuerpos tienen la misma cantidad de músculos.
Por sus venas corre la misma sangre.
Lo que los hace diferentes es su espíritu
y la determinación para alcanzar la cima.
Una cima a la que no se llega superando a los demás.
Sino superándose a uno mismo.

Rumi

En silencio

Ahora permanece en silencio.

Deja que hable, aquel que crea las palabras.

El creo la puerta, el creo el candado,

el creo tambien la llave.

Deja tambien que abra tu mente.


Rumi

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Pema Chödrön


"Sólo cuando conocemos nuestra propia oscuridad, podemos estar presente con la oscuridad de los demás."

Pema Chödrön



martes, 27 de septiembre de 2016

Rumi



"Mi religión es el amor. Cada corazón es mi templo."


Rumi


"Hoy sólo quiero decirte que mis intentos no son por ayudarte o decirte que hacer... Mis intentos son por cómo hacerte saber: 
Que nadie establece normas, salvo la vida... Que la vida sin ciertas normas pierde la forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos... Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que la agresión porque sí duele mucho.
Que las heridas se cierran, que las puertas no deben cerrarse... Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen... Que definirse no es remar contra la corriente.
Que cuanto más fuete es el trazo mas se dibuja.
Que negar palabras implica abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el por qué de los niños, tiene un porque.
Que nunca está de más agradecer.
Que nadie quiere estar sólo... Que para no estar solo hay que dar.. Que para dar debemos recibir antes... Y para que nos den también hay que saber pedir
Que saber pedir no es regalarse... Que regalarse en definitiva es no quererse.
Que para que nos quieran, debemos demostrar lo qué somos.
Que las cosas cara a cara son más honestas.
Que nadie es más honesto porque no roba y va a la iglesia todos los domingos.
Que cuando no hay placer en las cosas, no se está viviendo.
Que se puede estar muerto en vida.
Que para no ser heridos, levantamos muros... Que quien siembra muros, no cosecha nada... Que casi todos somos albañiles de muros... Que sería mejor construir puentes... Que sobre ellos se va a la otra orilla, y que también se vuelve.
Que volver, no implica retroceder... Que al retroceder, también se puede avanzar.
Que no por mucho avanzar, se amanece más cerca del sol.
¡Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida!-

Walt Whitman.

Madre Teresa de Calcuta


Cuando el cielo este gris, acuérdate cuando lo viste profundamente azul.
Cuando sientas frío, piensa en un sol radiante que ya te ha calentado.
Cuando sufras una derrota, acuérdate de tus triunfos y de tus logros.
Cuando necesites amor, revive tus experiencias de afecto y ternura.
Acuérdate de lo que has vivido y de lo que has dado con alegría.
Recuerda los regalos que te han hecho, los abrazos y besos que te han dado, los paisajes que has disfrutado y las risas que de ti han brotado.
Si esto has tenido, lo puedes volver a tener y lo que has logrado, lo puedes volver a ganar.
Alégrate por lo bueno que tengas y por lo bueno de los demás, acéptalos tal cual son; desecha los recuerdos tristes y dolorosos, y sobre todo no tengas ningún rencor, no te lastimes más.
Piensa en lo bueno, en lo amable, en lo bello y en la verdad.
Recorre tu vida, detente en donde haya bellos recuerdos y emociones sanas y vívelas otra vez.
Visualiza aquel atardecer que te emocionó.
Revive esa caricia espontánea que se te dio.
Disfruta nuevamente de la paz que ya has conocido, piensa y vive bien.
Allí en tu mente están guardadas todas las imagines; ¡Y sólo tú decides cuáles has de volver a mirar!.
No hay carga que se nos dé y no tengamos la capacidad de llevar.
Busca siempre vivir el presente aprendiendo del pasado, no cargues con situaciones y problemas que ya han pasado.
Piensa en esto: ¿Cuál era tu mayor problema hace 10 años?
Probablemente ahora sea nada.
Ahora, si dentro de 10 años tus problemas actuales no van ha ser nada
¿Por qué vivir tristes por ellos?"-
Madre Teresa de Calcuta.

No podemos convertirnos en lo que necesitamos ser, permaneciendo lo que somos.
Max De Pree

“Adán Buenosayres” (1948) de Leopoldo Marechal: homenaje y parodia de la vanguardia argentina


Para leer el libro en formato PDF, hacer click en el enlace


Es posible leer Adán Buenosayres (1948), novela post-vanguardista que recrea los años centrales de la vanguardia argentina, como una novela en clave en la cual el poeta Adán Buenosayres y su círculo de amigos son trasuntos ficcionales de ciertas figuras capitales del campo cultural argentino de los años 20: los martinfierristas, entre quienes estuvo el mismo Leopoldo Marechal al lado de Jorge Luis Borges (Pereda), Jacobo Fijman (Tesler), Xul Solar (Schultze) y Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros. Al igual que en el díptico de Arlt, el protagonista de la novela es una entidad colectiva, aunque en este caso no se trata de un grupo de revolucionarios en potencia, sino de un círculo de artistas y de intelectuales jóvenes de credo estético vanguardista, que comparten una misma experiencia generacional en el contexto de una gran ciudad latinoamericana en franco proceso de urbanización y modernización.

Como Ulysses, El arco temporal de la novela cubre apenas un día completo, las veinticuatro horas previas a la muerte de Adán Buenosayres, y la trama está dada por el itinerario de su círculo de amigos, que se dedican a explorar distintos espacios físicos y sociales -casi siempre liminares, como el arrabal- de la topografía urbana, mientras dialogan y discuten sobre un conjunto de problemas recurrentes. Estos están asociados con el lugar de la tradición criolla decimonónica argentina en el ámbito de la cultura urbana contemporánea, que ha sido profundamente modificada por las oleadas de inmigración y por el surgimiento de una industria cultural masiva. El desplazamiento físico y el debate intelectual son, pues, las dos coordenadas centrales del texto, lo cual no implica que estemos ante una novela en la cual exista una discusión seria y consistente de ideas. Por ejemplo, la discusión sobre el “neo-criollo” funciona como una versión paródica, a la vez nostálgica y crítica, de ciertos debates sobre la identidad nacional que tuvieron su momento de seriedad y vigencia dos décadas antes del momento de publicación de la novela. De esta manera, la modulación paródica de la polémica y la estilización cómico-grotesca de personajes y situaciones suministran una tonalidad monocorde que infude su particular y distintiva naturaleza al mundo representado.
Un rasgo que conecta las novelas de Marechal y Arlt es el peso atribuido a una actividad concreta que se alza como la práctica nuclear de sus respectivos personajes grupales: la conversación. Un segundo elemento común es el aspecto performativo de la conversación, puesto que en la representación que de ella nos ofrecen ambos autores, existe un divorcio entre el sentido y el significado. En la novela de Marechal, conversar y debatir son acciones que llaman menos la atención sobre los contenidos de lo conversado y lo debatido, que sobre la dimensión performativa y gesticulatoria -histriónica, si se quiere- de la conversación. En muchas ocasiones, los personajes se desplazan al mismo tiempo que dialogan, lo cual sugiere que el acto de dialogar es, también, un modo de inscribir el cuerpo y la voz en el espacio urbano: un gesto de auto-presentación que presupone la presencia de un público del cual el grupo de amigos, muy interesados en preservar una cohesión elitista y excluyente, pugna por distinguirse. En no pocas situaciones, el objetivo de los interlocutores es producir un impacto en dicho público, generar una provocación que no deviene en violencia, pues su estética propia es el humor absurdo del disparate. En otras palabras, la conversación opera como la producción de un “evento” que recuerda en alguna medida a las manifestaciones artísticas delperformance art -una de las cuales es el happening, surgido a partir de los años cincuenta, pero que en realidad encuentra su explicación contextual en el seno de la ética vanguardista.
A diferencia de los conjurados de Arlt, los intelectuales populares de Marechal no detentan un proyecto político explícito; sin embargo, sí es posible afirmar que en las aventuras urbanas de estos últimos es posible hallar una dramatización del que Peter Bürger ha considerado el proyecto ético-estético central de las vanguardias: como se sabe, éste implica una doble crítica y una fusión: el arte y la vida deben perder sus respectivos autotelismos y confluir. La vanguardia supuso una crítica a la institución del arte y a la noción de objeto artístico, así como también una crítica a la vida cotidiana moderna, que debían conducir a una fusión entre las esferas del arte y de la vida a partir de la cual se produciría una estetización de la materia de la cotidianidad. Precisamente, en la lectura que plantearé de Adán Buenosayres ocupará un rol central la idea de que la conversación andariega, la producción discursiva oral simultánea al desplazamiento físico, es la práctica que define y otorga su identidad diferenciada al círculo de amigos de Adán Buenosayres, y que esta práctica pone en escena una transfiguración estética de un acto tan rutinario como conversar. Así, el vínculo entre los proyectos de Arlt y Marechal queda revelado en vista de que, en las dos novelas, el discurso oral inscrito en el marco de pequeñas sociedas cerradas se carga de un valor específico de corte revolucionario. En el ámbito de estos colectivos, el intercambio oral y, en último caso, el lenguaje mismo están atribuidos de un poder generador de intervenir en la realidad urbana moderna para transformarla radicalmente.

Los Paraguas de Buenos Aires - Amelita Baltar , Astor Piazzolla, Hoacio Ferrer


Los paraguas de Buenos Aires

Está lloviendo en Buenos Aires, llueve,
y en los que vuelve a sus casas, pienso,
y en la función de los teatritos pobres
y en los fruteros que a lluvia besan.

Pensando en quienes ni paraguas tienen,
siento que el mío para arriba tira.
´´No ha sido el viento, si no hay viento´´, digo,
cuando de pronto mi paraguas vuela.

Y cruza lluvias de hace mucho tiempo:
la que al final mojó tu cara triste,
la que alegró el primer abrazo nuestro,
la que llovió sin conocernos, antes.

Y desandamos tantas lluvias, tantas,
que el agua está recién nacida, ¡vamos!,
que está lloviendo para arriba, llueve,
y con los dos nuestro paraguas sube.

A tanta altura va, querida mía,
camino de un desaforado cielo
donde la lluvia en sus orillas tiene
y está el principio de los días claros.

Tan alta, el agua nos disuelve juntos
y nos convierte en uno solo, uno,
y solo uno para siempre, siempre,
en uno solo, solo, solo pienso.

Pienso en quien vuelve hacia su casa
y en la alegría del frutero
y, en fin, lloviendo en Buenos Aires sigue,
yo no he traído ni paraguas, llueve, llueve.

Horacio Ferrer 






Don Elías, el señor de los paraguas

Vino desde Galicia en 1949 a continuar con una tradición familiar; hoy sigue vendiendo y reparando en el histórico local de Independencia y Colombres

Rojos, amarillos, negros, lisos, escoceses, rayados, cortos y largos. Don Elías Fernández Pato tiene paraguas de cualquier color y tamaño que a uno se le pudiera ocurrir. Paragüero de tradición familiar, este hombre dejó su Galicia natal en 1949 para venir a la Argentina, en busca de trabajo.
Lamentablemente, al llegar se enteró de que su tío había fallecido. Pero fue su primo quien lo inició en el negocio.


Comenzó como vendedor ambulante de paraguas durante unas vacaciones, mientras trabajaba en la Papelera Argentina en Bernal. En 1957 abrió su propio local, junto a su mujer, también de familia "paragüera". El histórico negocio hoy se encuentra en la esquina de Independencia y Colombres.
"Antes la gente quería paraguas de calidad, que duraran, como los que fabricábamos aquí", cuenta Don Elías, que con nostalgia lamenta que hoy estos elementos que su familia tradicionalmente fabricó y reparó sean traídos de China.


Pero la pasión por el negocio se mantiene: Don Elías es la persona indicada para llevar a arreglar ese paraguas que se dio vuelta en medio de la tormenta, al que se le salió una varilla o que tiene algún problema y uno esta tan encariñado que no lo quiere tirar.
En el subsuelo del local, donde antes se cortaban telas y se fabricaban paraguas al por mayor, Elías montó un pequeño taller. Hilos de todos colores, varillas y empuñaduras llenan los escaparates de la sala.


"Sólo arreglamos aquellos que valen la pena, porque muchos de los que se venden hoy son descartables y no tiene sentido repararlos", dice, mientras cambia las varillas de un paraguas.
Aún conserva las telas que se utilizaban para la fabricación y las máquinas, tijeras y moldes con que se armaban aquellos paraguas que en algunos casos, cuenta, llegaban a salir 900 pesos.
"Ya no hay de esos, la mayoría eran ingleses", se lamenta. Pero la tradición familiar continúa en la Paragüería Víctor , nombre que se le dio al negocio, en honor al hijo de su cuñado, y que hoy atiende su propio hijo, llamado también Víctor.
A 50 años de su creación, el histórico local sigue siendo el mejor lugar para comprar y reparar paraguas.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Farmacia La Estrella, Buenos Aires

Farmacia La Estrella, en Alsina y Defensa. Desde 1834, es la más antigua de la ciudad. Patrimonio Histórico de la Ciudad. Fue creada a instancias de Bernardino Rivadavia. Aún hoy subsiste como tal y como museo. La decoración y los materiales son alucinantes: estanterías y armarios de nogal traídos de Italia, cristales de Murano, mármol de Carrara, pisos venecianos… Y unos bajorrelieves que hacen quedar con la cabeza mirando el techo. En el centro del cielo raso hay un fresco desde el que nos mira la llamada Farmacopea que se presenta triunfante ante la enfermedad.
frente de la farmacia y al fondo la Basílica de San Francisco


En 1862, un inmigrante oriundo de Boston, Estados Unidos, llamado Melville Sewell Bagley (10.7.1838, Maine, USA/ 14.7.1880, Buenos Aires) recaló en Argentina. Comenzó a trabajar en la farmacia de "La Estrella". Allí, entre alambiques, tubos de ensayo y fórmulas ingeniosas, y utilizando las naranjas de una vieja quinta ubicada en Bernal, creó una bebida de la que pronto habló todo Buenos Aires: la Hesperidina.
Fue inhumado en el Cementerio Británico de Buenos Aires.


SER el AMOR...


El Amor debe ser como la respiración.
Debería ser una cualidad en tí.
Estés donde estés, con quién quiera que estés, o incluso si estas solo, el amor se enciende desbordante en tí.
No es cuestión de estar enamorado de alguien, se trata de SER EL AMOR.

ESCUCHA LA SABIDURÍA DE TU CUERPO POR DEEPAK CHOPRA

Palabras del médico y escritor hindú Deepak Chopra que te ayudarán a reflexionar sobre la sabiduría de tu cuerpo y las señales que este utiliza para comunicarse contigo. Recogidas en “El poema eres tú”.

1. Escucha la sabiduría de tu cuerpo, que se expresa por señales de comodidad e incomodidad. Cuando elijas cierta conducta, preguntale a tu cuerpo que siente al respecto. Si tu cuerpo envía una señal de inquietud física o emocional, ten cuidado. Si tu cuerpo envía una señal de comodidad y anhelo, procede.

2. Vive en el presente, que es el único momento que tienes. Mantén tu atención en lo que existe aquí y ahora; busca la plenitud en todo momento. Acepta lo que viene a ti total y completamente para que puedas apreciarlo y aprender de ello; luego déjalo pasar. El presente es como debe ser. Refleja infinitas leyes de la Naturaleza que te han traído hasta este pensamiento exacto, esta reacción física precisa. Este momento es como es, porque el Universo es como es. No luches contra el infinito esquema de las cosas; por el contrario, sé uno con él.
3. Dedica tiempo al silencio, a meditar, a acallar el diálogo interior. En momentos de silencio, cobra conciencia de que estás recontactándote con tu fuente de conciencia pura. Presta atención a tu vida interior para que puedas guiarte por tu intuición, antes que por interpretaciones impuestas desde fuera sobre lo que conviene o no te conviene.
4. Renuncia a tu necesidad de aprobación externa. Sólo tú eres el juez de tu valer; tu meta es descubrir el infinito valor de ti mismo, sin dar importancia a lo que piensen los demás. Al comprender esto se logra una gran libertad.
5. Cuando te descubras reaccionando con enojo u oposición ante cualquier persona o circunstancia, recuerda que sólo estás luchando contigo mismo. Presentar resistencia es la reacción de las defensas creadas por viejos sufrimientos. Cuando renuncies a ese enojo te curarás y cooperarás con el flujo del universo.
6. Recuerda que el mundo de allí fuera refleja tu realidad de aquí dentro. Las personas ante las cuales tu reacción es más fuerte, sea de amor u odio, son proyecciones de tu mundo interior. Lo que más odias es lo que más niegas en ti mismo. Lo que más amas es lo que más deseas dentro de ti. Usa el espejo de las relaciones para guiar tu evolución. El objetivo es un total conocimiento de uno mismo. Cuando lo consigas, lo que más desees estará automáticamente allí; lo que más te disgusta desaparecerá.
7. Libérate de la carga de los juicios. Al juzgar impones el bien y el mal a situaciones que simplemente son. Todo se puede entender y perdonar, pero cuando juzgas te apartas de la comprensión y anulas el proceso de aprender a amar. Al juzgar a otros reflejas tu falta de autoaceptación. Recuerda que cada persona a la que perdones aumenta tu amor a ti mismo.
8. No contamines tu cuerpo con toxinas, ya sea por la comida, la bebida o por emociones tóxicas. Tu cuerpo no es sólo un sistema de mantenimiento de la vida. Es el vehículo que te llevará en el viaje de tu evolución. La salud de cada célula contribuye directamente a tu estado de bienestar, porque cada célula es un punto de conciencia dentro del campo de la conciencia que eres tú.
9. Reemplaza la conducta que motiva el miedo por la conducta que motiva el amor. El miedo es un producto de la memoria, que mora en el pasado. Al recordar lo que nos hizo sufrir antes, dedicamos nuestras energías a asegurarnos de que el antiguo sufrimiento no se repita. Pero tratar de imponer el pasado al presente jamás acabará con la amenaza del sufrimiento. Eso sólo ocurre cuando encuentras la seguridad de tu propio ser, que es amor. Motivado por la verdad interior, puedes enfrentarte a cualquier amenaza, porque tu fuerza interior es invulnerable al miedo.
10. Comprende que el mundo físico es sólo el espejo de una inteligencia más profunda. La inteligencia es la organizadora invisible de toda la materia y toda la energía; como una parte de esta inteligencia reside en ti, participas del poder organizador del cosmos. Como estás inseparablemente vinculado con el todo, no puedes permitirte el contaminar el aire y el agua del planeta. Pero en un plano más profundo, no puedes permitirte el vivir con una mente tóxica, porque cada pensamiento crea una impresión en el campo total de la inteligencia. Vivir en equilibrio y pureza es el más elevado bien para ti y para la Tierra”.

domingo, 25 de septiembre de 2016


La paz hay que encontrarla dentro de uno, en el mismo lugar en el que encontramos el sufrimiento y la agitación. No la vamos a encontrar en el bosque o en la cima de una montaña, ni tampoco ningún maestro nos la puede entregar.
Cuando experimentas sufrimiento, también puedes encontrar la liberación del sufrimiento. Tratar de correr lejos del sufrimiento es correr directamente hacia él.
Ajahn Chah, maestro budista

"Nunca volveré,
nunca volveré porque nunca se vuelve.
El lugar al que se vuelve siempre es otro,
la estación a la que se vuelve es otra.
Ya no está la misma gente, ni la misma luz, ni la misma filosofía.
¡Partir! ¡Dios mío, partir! ¡Me da miedo partir!.."

*Fernando Pessoa / Víspera de viaje / frag.

“Cuarto solo”

“La muerte se muere de risa pero la vida
se muere de llanto pero la muerte pero la vida
pero nada nada nada.”
Alejandra Pizarnik

“Cuarto solo”

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.
Alejandra Pizarnik


Flora Pizarnik Bromiker, hija de Elías Pizarnik y de Rejzla Bromiker, ambos inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco, nació el 29 de abril de 1936 en Buenos Aires.
Fue influenciada en su poesía por Antonio Porchia, los simbolistas franceses, en especial Arthur Rimboud y Stéphane Mallarmé, por los románticos y los  surrealistas.
El 25 de septiembre de 1972 se quitó la vida ingiriendo 50 pastillas de un barbitúrico durante un permiso de fin de semana del hospital psiquiátrico de Buenos Aires, donde se hallaba ingresada a causa de una gran depresión, y tras dos intentos de suicidio, tenía sólo 36 años.

sábado, 24 de septiembre de 2016


No insistir
La Flor no florece
Antes del justo a tiempo.
Ni siquiera si la riegas
Ni aunque intentes abrir sus pétalos
Ni siquiera si la bañas de sol.
Tu impaciencia
Te empuja a buscar la primavera
Cuando para abrirse, sólo necesitas
Abrazar a tu invierno.
Ada Luz Márquez

viernes, 23 de septiembre de 2016


“Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.”
-Sam Keen-

Oda a la primavera - Pablo Neruda


"Ahora, 

primavera,
dime para qué sirves
y a quién sirves."


Primavera

temible,
rosa
loca,
llegarás,
llegas
imperceptible,
apenas
un temblor de ala, un beso
de niebla con jazmines,
el sombrero
lo sabe,
los caballos,
el viento
trae una carra verde
que los árboles icen
y comienzan
las hojas
a mirar con un ojo,
a ver de nuevo el mundo,
se convencen.
Todo está preparado,
el viejo sol supremo,
el agua que habla,
todo,
y entonces
salen todas las faldas
del follaje,
la esmeraldina,
loca
primavera,
luz desencadenada,
yegua verde,
todo
se multiplica,
todo
busca
palpando
una materia
que repita su forma,
el germen mueve
pequeños pies sagrados,
el hombre
ciñe
el amor de su amada,
y la tierra se llena
de frescura,
de pétalos que caen
como harina,
la tierra 
brilla recién pintada 
mostrando 
su fragancia 
en sus heridas,
los besos de los labios de claveles,
la marea escarlata de la rosa.
Ya está bueno! 
Ahora, 
primavera,
dime para qué sirves
y a quién sirves.
Dime si el olvidado
en su caverna
recibiò tu vista,
si el abogado pobre
en su oficina
vio florecer tus pétalos
sobre la sucia alfombra,
si el minero
de las minas de mi patria
no conociò
más que la primavera negra
del carbòn
o el viento envenenado
del azufre.

Primavera, 
muchacha,
te esperaba!
Toma esta escoba y barre 
el mundo.
Limpia
con este trapo
las fronteras,
sopla
los techos de los hombres,
escarba
el oro
acumulado 
y reparte
los bienes
escondidos,
ayúdame 
cuando 
ya
el 
hombre
esté libre
de miseria,
polvo,
harapos,
deudas,
llagas,
dolores,
cuando
con tus transformadoras manos de hada
y las manos del pueblo,
cuando sobre la tierra
el fuego y el amor
toquen tus bailarines
pies de nácar,
cuando
tú, primavera,
entres
a todas
las casas de los hombres,
te amaré sin pecado,
desordenada dalia,
acacia loca,
amada,
contigo, con tu aroma,
con tu abundancia, sin remordimiento
con tu desnuda nieve
abrasadora,
con tus más desbocados manantiales
sin descartar la dicha
de otros hombres,
con la miel misteriosa
de las abejas diurnas,
sin que los negros tengan
que vivir apartados
de los blancos,
oh primavera
de la noche sin pobres,
sin pobreza,
primavera
fragante,
llegarás,
llegas,
te veo
venir por el camino:
ésta es mi casa,
entra,
tardabas,
era hora,
qué bueno es florecer,
qué trabajo
tan bello:
qué activa 
obrera eres, 
primavera, 
tejedora, 
labriega, 
ordeñadora, 
múltiple abeja,
máquina 
transparente, 
molino de cigarras, 
entra
en todas las casas, 
adelante,
trabajaremos juntos 
en la futura y pura 
fecundidad florida.

jueves, 22 de septiembre de 2016

La máscara - Anton Chejov


Es una crítica social con disfraz de cuento. El protagonista enmascarado es un indicio para cuestionarnos si la verdadera máscara no será la que usa a diario, quizá los bailes y fiestas, esos momentos en los que todo es permitido, son el único lugar donde se revela el verdadero ser de las personas, fuera de su apariencia cotidiana que oculta tantos engaños.

La máscara

[Cuento - Texto completo.]
Anton Chejov


En el club social de la ciudad de X se celebraba, con fines benéficos, un baile de máscaras o, como le llamaban las señoritas de la localidad, “un baile de parejas”.
Era ya medianoche. Unos cuantos intelectuales sin antifaz, que no bailaban -en total eran cinco-, estaban sentados en la sala de lectura, alrededor de una gran mesa, y ocultas sus narices y barbas detrás del periódico, leían, dormitaban o, según la expresión del cronista local de los periódicos de la capital, meditaban.
Desde el salón del baile llegaban los sones de una contradanza. Por delante de la puerta corrían en un ir y venir incesante los camareros, pisando con fuerza; mas en la sala de lectura reinaba un profundo silencio.
-Creo que aquí estaremos más cómodos -se oyó de pronto una voz de bajo, que parecía salir de una caverna. ¡Por acá, muchachas, vengan acá!
La puerta se abrió y al salón de lectura penetró un hombre ancho y robusto, disfrazado de cochero, con el sombrero adornado de plumas de pavo real y con antifaz puesto. Le seguían dos damas, también con antifaz, y un camarero, que llevaba una bandeja con unas botellas de vino tinto, otra de licor y varios vasos.
-¡Aquí estaremos muy frescos! -dijo el individuo robusto-. Pon la bandeja sobre la mesa… Siéntense, damiselas. ¡Ye vu pri a la trimontran! Y ustedes, señores, hagan sitio. No tienen por qué ocupar la mesa.
El individuo se tambaleó y con una mano tiró al suelo varias revistas.
-¡Pon la bandeja acá! Vamos, señores lectores, apártense. Basta de periódicos y de política.
-Le agradecería a usted que no armase tanto alboroto -dijo uno de los intelectuales, mirando al disfrazado por encima de sus gafas-. Estamos en la sala de lectura y no en un buffet… No es un lugar para beber.
-¿Por qué no es un lugar para beber? ¿Acaso la mesa se tambalea, o el techo amenaza derrumbarse? Es extraño. Pero no tengo tiempo para charlas… Dejen los periódicos. Ya han leído bastante, demasiado inteligentes se han puesto; además, es perjudicial para la vista y lo principal es que yo no lo quiero y con esto basta.
El camarero colocó la bandeja sobre la mesa y, con la servilleta encima del brazo, se quedó de pie junto a la puerta. Las damas la emprendieron inmediatamente con el vino tinto.
-¿Cómo es posible que haya gente tan inteligente que prefiera los periódicos a estas bebidas? -comenzó a decir el individuo de las plumas de pavo real, sirviéndose licor-. Según mi opinión, respetables señores, prefieren ustedes la lectura porque no tienen dinero para beber. ¿Tengo razón? ¡Ja, ja…! Pasan ustedes todo el tiempo leyendo. Y ¿qué es lo que está ahí escrito? Señor de las gafas, ¿qué acontecimientos ha leído usted? Bueno, deja de darte importancia. Mejor bebe.
El individuo de las plumas de pavo real se levantó y arrancó el periódico de las manos del señor de las gafas. Éste palideció primero, se sonrojó después y miró con asombro a los demás intelectuales, que a su vez le miraron.
-¡Usted se extralimita, señor! -estalló el ofendido-. Usted convierte un salón de lectura en una taberna; se permite toda clase de excesos, me arranca el periódico de las manos. ¡No puedo tolerarlo! ¡Usted no sabe con quién trata, señor mío! Soy el director del Banco, Yestiakov.
-Me importa un comino que seas Yestiakov. Y en lo que se refiere a tu periódico mira… El individuo levantó el periódico y lo hizo pedazos.
-Señores, pero ¿qué es esto? -balbuceó Yestiakov estupefacto-. Esto es extraño, esto sobrepasa ya lo normal…
-¡Se ha enfadado! -echóse a reír el disfrazado-. ¡Uf! ¡Qué susto me dio! ¡Hasta tiemblo de miedo! Escúchenme, respetables señores. Bromas aparte, no tengo deseos de entrar en conversación con ustedes… Y como quiero quedarme aquí a solas con las damiselas y deseo pasar un buen rato, les ruego que no me contradigan y se vayan… ¡Vamos! Señor Belebujin, ¡márchate a todos los diablos! ¿Por qué están frunciendo el ceño? Si te lo digo, debes irte. Y de prisita, no vaya a ser que en hora mala te largue algún pescozón.
-Pero ¿cómo es eso? -dijo Belebujin, el tesorero de la Junta de los Huérfanos, encogiéndose de hombros-. Ni siquiera puedo comprenderlo… ¡Un insolente irrumpe aquí y… de pronto ocurren semejantes cosas!
-¿Qué palabra es ésa de insolente? -gritó enfadado el individuo de las plumas de pavo real, y golpeó con el puño la mesa con tanta fuerza que los vasos saltaron en la bandeja-. ¿A quién hablas? ¿Te crees que como estoy disfrazado puedes decirme toda clase de impertinencias? ¡Atrevido! ¡Lárgate de aquí, mientras estés sano y salvo! ¡Que se vayan todos, que ningún bribón se quede aquí! ¡Al diablo!
-¡Bueno, ahora veremos! -dijo Yestiakov, y hasta sus gafas se le habían humedecido de emoción. ¡Ya le enseñaré! ¡A ver, llamen al encargado!
Un minuto más tarde entraba el encargado, un hombrecito pelirrojo, con una cintita azul en el ojal. Estaba sofocado a consecuencia del baile.
-Le ruego que salga -comenzó-. Aquí no se puede beber. ¡Haga el favor de ir al buffet!
-Y tú ¿de dónde sales? -preguntó el disfrazado-. ¿Acaso te he llamado? -Le ruego que no me tutee y que salga inmediatamente.
-Óyeme, amigo, te doy un minuto de plazo… Como eres la persona responsable, haz el favor de sacar de aquí a estos artistas. A mis damiselas no les gusta que haya nadie aquí… Se azoran y yo, pagando mi dinero, voy a tener el gusto de que estén al natural.
-Por lo visto, este imbécil no comprende que no está en una cuadra -gritó Yestiakov-. Llamen a Evstrat Spiridónovich.
Evstrat Spiridónovich, un anciano con uniforme de policía, no tardó en presentarse.
-¡Le ruego que salga de aquí! -dijo con voz ronca, con ojos desorbitados y moviendo sus bigotes teñidos.
-¡Ay, qué susto! -pronunció el individuo, y se echó a reír a su gusto-. ¡Me he asustado, palabra de honor! ¡Qué espanto! Bigotes como los de un gato, los ojos desorbitados… ¡Je, je, je!
-¡Le ruego que no discuta! -gritó con todas sus fuerzas Evstrat Spiridónovich, temblando de ira-. ¡Sal de aquí! ¡Mandaré que te echen de aquí!
En la sala de lectura se armó un alboroto indescriptible.
Evstrat Spiridónovich, rojo como un cangrejo, gritaba, pataleaba.
Yestiakov chillaba, Belebujin vociferaba. Todos los intelectuales gritaban, pero sus voces eran sofocadas por la voz de bajo, ahogada y espesa, del disfrazado. A causa del tumulto general se interrumpió el baile y el público se abalanzó hacia la sala de lectura.
Evstrat Spiridónovich, a fin de inspirar más respeto, hizo venir a todos los policías que se encontraban en el club y se sentó a levantar acta.
-Escribe, escribe -decía la máscara, metiendo un dedo bajo la pluma-. ¿Qué es lo que me ocurrirá ahora? ¡Pobre de mí! ¿Por qué quieren perder al pobre huerfanito que soy? ¡Ja, ja! Bueno. ¿Ya está el acta? ¿Han firmado todos? ¡Pues ahora, miren!
Uno… dos… ¡tres!
El individuo se irguió cuan alto era y se arrancó el antifaz.
Después de haber descubierto su cara de borracho y de admirar el efecto producido, se dejó caer en el sillón, riéndose alegremente. En realidad, la impresión que produjo fue extraordinaria. Los intelectuales palidecieron y se miraron perplejos, algunos se rascaron la nuca. Evstrat Spiridónovich carraspeo como alguien que sin querer ha cometido una tontería imperdonable.
Todos reconocieron en el camorrista al industrial millonario de la ciudad, ciudadano benemérito, el mismo Piatigórov, famoso por sus escándalos, por sus donaciones y, como más de una vez se dijo en el periódico de la localidad, por su amor a la cultura.
-Y bien, ¿se marcharán ustedes o no? -preguntó después de un minuto de silencio.
Los intelectuales, sin decir una palabra, salieron andando de puntillas y Piatigórov cerró tras ellos la puerta.
-Pero ¡si tú sabías que ése era Piatigórov! -decía un minuto más tarde Evstrat Spiridónovich con voz ronca, sacudiendo al camarero, que llevaba más vino a la biblioteca-. ¿Por qué no dijiste nada?
-Me lo había prohibido.
-Te lo había prohibido… Si te encierro, maldito, por un mes, entonces sabrás lo que es prohibido. ¡Fuera!… Y ustedes, señores, también son buenos -dirigióse a los intelectuales-. ¡Armar un motín! ¿No podían acaso salir del salón de lectura por diez minutos? Ahora, sufran las consecuencias. ¡Eh, señores, señores…! No me gusta nada, palabra de honor.
Los intelectuales, abatidos, cabizbajos y perplejos, con aire culpable, andaban por el club como si presintiesen algo malo.
Sus esposas e hijas, al saber que Piatigórov había sido ofendido y que estaba enfadado, perdieron la animación y comenzaron a dispersarse hacia sus casas.
A las dos de la madrugada salió Piatigórov de la sala de lectura. Estaba borracho y se tambaleaba. Entró en el salón de baile, se sentó al lado de la orquesta y se quedó dormido a los sones de la música; después inclinó tristemente la cabeza y se puso a roncar.
-¡No toquen! -ordenaron los organizadores del baile a los músicos, haciendo grandes aspavientos-. ¡Silencio!… Egor Nílich duerme…
-¿Desea usted que lo acompañe a casa, Egor Nílich? -preguntó Belebujin, inclinándose al oído del millonario.
Piatigórov movió los labios, como si quisiera alejar una mosca de su mejilla.
-¿Me permite acompañarle a su casa? -repitió Belebujin- o aviso que le envíen el coche?
-¿Eh? ¿Qué? ¿Qué quieres?
-Acompañarle a su casa… Es hora de dormir.
-Bueno. Acompaña…
Belebujin resplandeció de placer y comenzó a levantar a Platigórov. Los otros intelectuales se acercaron corriendo y, sonriendo agradablemente, levantaron al benemérito ciudadano y lo condujeron con todo cuidado al coche.
-Sólo un artista, un genio, puede tomar así el pelo a todo un grupo de gente -decía Yestiakov en tono alegre, ayudándolo a sentarse-. Estoy sorprendido de verdad. Hasta ahora no puedo dejar de reír. ¡Ja, ja! Créame que ni en los teatros nunca he reído tanto. ¡Toda la vida recordaré esta noche inolvidable!
Después de haber acompañado a Platigórov, los intelectuales recobraron la alegría y se tranquilizaron.
-A mí me dio la mano al despedirse -dijo Yestiakov muy contento-. Luego ya no está enfadado.
-¡Dios te oiga! -suspiró Evstrat Spiridónovich-. Es un canalla, un hombre vil, pero es un benefactor. No se le puede contrariar.