viernes, 31 de octubre de 2014

Soy un ser humano - Alberto Cortéz


Más allá de cualquier ideología...
más allá de lo sabio y lo profano,
soy parte del espacio, soy la vida
por el hecho de ser un ser humano.
Yo soy el constructor de mis virtudes
como lo soy, a la vez, de mis defectos;
torrente inagotable de inquietudes...
genial contradicción de Lo Perfecto.
Yo puse las espinas en la frente
los clavos en los pies y en ambas manos...
después rompí a llorar amargamente
la muerte irreparable de mi hermano.
Por mí se hace polémica la duda...
¿Quién soy?, ¿adónde voy?, ¿de dónde vengo?...
a través de los tiempos, tan aguda,
que con ella renazco y me sostengo.
Soy el que abrió la caja de Pandora
que guardaba los males del planeta.
No escapó la esperanza... ¡En buena hora!
por ella sobrevivo y soy poeta.
Yo soy quien ha creado las prisiones,
la lucha fratricida y la injusticia,
más también he inventado las canciones
y el encanto sutil de una caricia.
En nombre de mi Dios, soy asesino,
embustero, fanático y tirano;
desafiando las leyes del destino
tengo sangre de siglos en las manos.
Más también en su nombre soy la rienda
que consigue domar a tanto potro...
Sería, sin un orden, la merienda
de comernos los unos a los otros.
Soy el poder, que condena los instintos
naturales del hombre, mi censura
reptando por oscuros laberintos
impone la moral de su estatura.
Yo soy un individuo entre la masa...
La coincidencia, es sólo un accidente...
Busco esposa, doy hijos, tengo casa,
soy la opción de un cerebro inteligente.
¿Qué vale más, inquietud de mi existencia,
cuando llegue el final y quede inerte?
¿El arte, por fijar mi trascendencia
o el eterno misterio de la muerte?.
Por todo, más allá de ideologías...
más allá de lo sabio y lo profano...
soy parte del espacio, soy la vida
por el hecho de ser un ser humano
 Letra: Alberto Cortez

Sabina


El Ser Humano es la especie más demencial de todas, adora un Dios invisible, y masacra la naturaleza tan visible, sin darse cuenta que esta naturaleza que masacra, es ese Dios invisible que adora.
Hubert Reeves 

Samhain



Samaín [/ˈsˠəu̯nʲ/] es la festividad de origen celta más importante del periodo pagano que dominó Europa hasta su conversión al cristianismo, en la que la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre servía como celebración del final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año Nuevo Celta», que comenzaba con la estación oscura. Es tanto una fiesta de transición (el paso de un año a otro) como de apertura al otro mundo. Su etimología es gaélica y significa 'fin del verano'.
Ha sido practicada desde hace más de tres mil años por los pueblos celtas que han poblado toda Europa.
En la actualidad del Samhain continúa celebrándose por los seguidores de movimientos religiosos neopaganos, como la wicca o Rueda del Año y el druidismo.

El druidismo

Sobre la religión de los druidas, no sabemos mucho pues no escribieron sobre ella, todo se transmitía de generación en generación. Sí sabemos que las festividades del Samhain se celebraban muy posiblemente entre el 5 de noviembre y el 7 de noviembre (a la mitad del equinoccio de otoño y el solsticio de invierno) con una serie de festividades que duraban una semana, finalizando con la fiesta de «los espíritus» y con ello se iniciaba el año nuevo celta. Esta fiesta de los espíritus era una de sus fiestas principales pues celebraban lo que para los cristianos sería el «cielo y la tierra» (conceptos que llegaron solo con el cristianismo). Para ellos el lugar de los espíritus era un lugar de felicidad perfecta en la que no había hambre ni dolor. Los celtas celebraban esta fiesta con ritos en los cuales, los sacerdotes druidas, sirviendo como «médium», se comunicaban con sus antepasados esperando ser guiados en esta vida hacia la inmortal. Se dice que los «espíritus» de los ancestros venían en esa fecha a visitar sus antiguos hogares.



El cristianismo


Desde el siglo IV la Iglesia de Siria consagraba un día a festejar a «Todos los Mártires». Tres siglos más tarde el PapaBonifacio IV (615) transformó un templo romano dedicado a todos los dioses (panteón) en un templo cristiano dedicándolo a «Día de todos los Santos», a todos aquellos que los habían precedido en la fe. La fiesta en honor de Todos los Santos inicialmente se celebraba el 13 de mayo, pero fue el Papa Gregorio III (741) quien la cambió de fecha al 1 de noviembre, que era el día de la «Dedicación» de la Capilla de Todos los Santos en la Basílica de San Pedro en Roma. Más tarde, en el año 840, el Papa Gregorio IV ordenó que la Fiesta de «Todos los Santos» se celebrara universalmente. Como fiesta mayor, ésta también tuvo su celebración vespertina en la «vigilia» para preparar la fiesta (31 de octubre). Esta vigilia vespertina del día anterior a la fiesta de Todos los Santos, dentro de la cultura Inglesa se tradujo al inglés como: «All Hallow's Eve» (en inglésAll Hallow's Eve, ‘(Vigilia de Todos los Santos’)?. Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando primero a «All Hallowed Eve», posteriormente cambio a «All Hallow Een» para terminar en la palabra que hoy conocemos «Halloween».
Existen algunas prácticas tradicionales en las naciones celtas que aún conservan la herencia de dicha fiesta, como lasdiásporas irlandesa y escocesa.
La misma palabra fue usada para nombrar un mes en el antiguo calendario celta, en particular a las primeras tres noches de este mes con el festival marcando el final del verano y de las cosechas. En los idiomas gaélicos «Samhain» es la palabra para «noviembre» y puede significar «fin del verano».


miércoles, 29 de octubre de 2014


¡Tu agotamiento se honra a sí mismo! No te apresures a asignarle alguna patología, o a hacerlo desaparecer, porque puede contener gran inteligencia, e incluso, medicina.
Has emprendido un largo viaje desde las estrellas, amigo. Haz una reverencia a tu agotamiento ahora; deja de luchar contra él.
No hay ninguna vergüenza en admitir que ya no puedes seguir adelante. Incluso los más valientes necesitan descansar.
Porque hay toda una aventura por delante. Y necesitarás de todos tus recursos.
Ven, siéntate frente al fuego de la Presencia. Deja que el cuerpo se relaje; déjate caer en el silencio aquí. Olvídate de mañana, no te preocupes por el recorrido que falta, y sumérgete en la calidez de esta noche.
Cada gran aventura está nutrida por el descanso que hay en su corazón.
Tu agotamiento es noble, amigo, y contiene poder sanador... si tan sólo lo escuchas...
- Jeff Foster
Sororidad es una palabra adaptada al español, que viene del inglés “Sorority”y significa hermandad. Sin embargo, cuando se usa en relación al género, no sólo incluye el sentimiento fraternal hacia las otras mujeres, sino que también- se supone- la generosidad suficiente para permitir el avance de mujeres con distintas capacidades y potencial dentro de una organización, colectivo o movimiento.
Juntar mujeres en número no es Sororidad, así como tampoco lo es llamarlas hermanas. La Sororidad es una ética de promoción e inclusión de las mujeres bajo la convicción de que cada una de nosotras tiene el derecho- y el deber- de hacer florecer sus talentos y aportar a la equidad de género y ser reconocida por ello.

domingo, 26 de octubre de 2014

26 de octubre: Día de los Cafés de Buenos Aires

26 de octubre: Día de los Cafés de Buenos Aires 
En ese dia de 1894 fue inaugurada la entrada de Avenida de Mayo 825 del Cafe Tortoni.



El Café Tortoni, ubicado en el 825 de la Avenida de Mayo, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Su nombre casi sin dudas procede del que fuera a fines de s. XIX célebre Café Tortoni de París. Durante casi un siglo el Café Tortoni porteño-argentino es el más representativo del espíritu tradicional de la dicha avenida de Mayo, y es ya una leyenda de la ciudad de Buenos Aires. En tal café funcionó la peña literaria de mayor predicamento de Buenos Aires, liderada por el pintor Benito Quinquela Martín.
En la actualidad sigue siendo un lugar de difusión cultural y turístico por excelencia.
A pesar de la lluvia yo he salido
a tomar un café. Estoy sentado
bajo el toldo tirante y empapado
de este viejo Tortoni conocido.
(Baldomero Fernández Moreno)



El origen

Se sabe que fue inaugurado en 1858, pero existen dos versiones respecto del porqué de su nombre: una de ellas dice que un inmigrante francés de apellido Touan lo estableció en la esquina de Rivadavia y Esmeralda, nombrándolo Tortoni dado que así se llamaba un establecimiento del Boulevard des Italiens donde se reunía la elite de la cultura parisina del siglo XIX. Es llamativo que el escritor francés Stendhal menciona en su novela Rojo y Negro, de 1830, la existencia de un café Tortoni en París. La otra versión afirma que fue un tal Oreste Tortoni quien habría establecido el café sobre la calle Defensa al 200. Uno de los últimos dueños del Tortoni, el señor Fanego, está a favor de la primera versión y afirma que la segunda nació de un error en un artículo aparecido en un folleto publicitario de uno de los proveedores, en el que se nombraba al tal Oreste Tortoni. Sin embargo Enrique Puccia, historiador de Buenos Aires, descubrió que efectivamente existió una guía de la ciudad donde aparece el Café Tortoni en Defensa al 200. No obstante, el Gran Mapa Mercantil de la Ciudad de Buenos Aires, editado en 1870 por Rodolfo Kratzenstein, lo ubica en Rivadavia y Esmeralda con Monsieur Touan como propietario.

Lo cierto es que en 1880 fue trasladado a su lugar actual: la planta baja de la residencia de Saturnino Unzué en la calle Rivadavia. Era una casa de estilo italianizante, con planta baja y la vivienda en el piso superior, y su fachada se conserva en la actualidad, muy deteriorada. El fondo de la construcción era lindero con el Templo Escocés de Buenos Aires, ubicado sobre la calle Piedras y construido hacia 1830.1

En 1882, el intendente Torcuato de Alvear concibió el proyecto de construcción de un gran boulevard al estilo de los creados por el Barón Haussmann en París. La futura vía recibió el nombre de Avenida de Mayo en 1885, y su apertura comenzó en 1888, avanzando entre las calles Rivadavia y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y demoliendo las antiguas construcciones que se encontraban en su camino, entre ellas el Templo Escocés.

La casa de la familia Unzué fue afectada por la creación de la avenida y perdió el fondo de su terreno aunque, en vez de demolerse completamente, se la conservó y se le construyó una nueva y más lujosa fachada con salida hacia la nueva vía. La nueva parte de la residencia, proyectada por el arquitecto noruego Alejandro Christophersen en estilo academicista francés, terminó de construirse en 1898 y cuenta con planta baja y dos pisos. La vieja entrada del café por la calle Rivadavia siguió existiendo como puerta trasera de acceso al sector de billar. En la actualidad se encuentra cerrada de forma permanente.

A finales del siglo XIX el café es comprado por otro francés, Celestino Curutchet, que habitaba en los altos del café.
                                                                              1930

La Bodega


La Peña del Tortoni




En el café funcionó "La Peña", inaugurada en 1926, que fomentó la protección de las artes y las letras hasta su desaparición, el actualmente el propietario del café es el Touring Club Argentino. La sala "La Bodega", en el subsuelo, es escenario de diferentes artistas de tango y jazz. En este último rubro, es destacable la permanencia de la Fénix Jazz Band, conjunto argentino de jazz tradicional que actúa todos los sábados, desde 1978. También se realizan presentaciones de libros y concursos de poesía. El café conserva la decoración de sus primeros años y la salida por la calle Rivadavia. Tiene además una biblioteca y, al fondo, mesas de billar y salones para jugar al dominó y a los dados.

Durante varios años, el programa de radio La venganza será terrible, conducido por Alejandro Dolina, se transmitió en vivo desde la bodega del Café Tortoni con presencia de público. Luego de la tragedia ocurrida en República Cromañón en diciembre de 2004, se decidió trasladar las transmisiones a un ambiente más amplio y seguro: el Hotel Bauen en 1943, y que era capitaneada por Benito Quinquela Martín.

Fue una idea que Quinquela Martín adquirió en un viaje por Francia y decidió poner en práctica en su país, donde amigos y colegas que disfrutaban de la buena conversación no disponían de un espacio adecuado para reunirse. Esta peña había nacido en el café La Cosechera (calle Perú y Avenida de Mayo) y se trasladó luego a las mesas del Tortoni. Como con el tiempo el lugar quedó chico, Curutchet ofreció la bodega de vinos para que pudieran reunirse con más comodidad y trasladó la vinería a otro lugar. Así la sede de la peña, llamada Agrupación Gente de Artes y Letras, se inauguró el 24 de mayo de 1926 y realizó tareas de difusión cultural mediante conciertos, recitales, conferencias, y debates.3

Entre los asistentes se encontraban, entre otros, Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno, Juana de Ibarbourou,Arthur Rubinstein, Conrado Nalé Roxlo, Antonio Bermúdez Franco , Ricardo Viñes, Roberto Arlt, José Ortega y Gasset,Jorge Luis Borges y Florencio Molina Campos. Las mesas vieron pasar figuras de la política como Lisandro de la Torre,Ernesto Palacio y Marcelo Torcuato de Alvear; figuras populares como Carlos Gardel (quien cantó una vez un tango en homenaje al autor italiano Luigi Pirandello, que acababa de dar una conferencia en La Bodega) y Juan Manuel Fangio; prestigiosas figuras internacionales como Albert Einstein y Federico García Lorca; y jefes de Estado como Juan Carlos de Borbón.
Cuando la agrupación cerró en 1943, se aprovechó lo recaudado por la venta de los muebles (entre ellos un piano Steinway en el que tocaron Arthur Rubinstein, Alejandro Brailowsky, Lía Cimaglia Espinosa y Héctor Panizza) para obtener el granito con el que Luis Perlotti realizó el monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata, comprar amoblamiento para el recreo en el Tigre donde muriera Leopoldo Lugones y erigir un monumento a la memoria de Fernando Fader en Mendoza.

La Peña de El Escarabajo de Oro


Entre 1962 y 1974, un grupo de escritores (la mayoría jóvenes) se reunió en el café cada viernes en torno a figuras algo mayores como los escritores Abelardo Castillo y Humberto Constantini. Los integrantes más constantes de esa peña fueron los narradores Liliana Heker, Isidoro Blaisten, Ricardo Piglia, Arnaldo Liberman, Miguel Briante, Vicente Battista, Jorge Di Paola y Ramón Plaza y el poeta Horacio Salas.

En esas reuniones en el Tortoni se concretaron tres revistas emblemáticas –El grillo de papelEl escarabajo de oro y El ornitorrinco– que fueron decisivas en la dinámica literaria e intelectual argentina de aquellos años.

Los encuentros se realizaban en la parte de atrás del Tortoni, en la actual sala Eladia Blázquez.


La mesa de Gardel

Carlos Gardel, además de cantar dos veces en el café, fue durante un tiempo habitué del lugar. Solía ocupar –según testimonio de Enrique Cadícamo– la mesa del costado derecho junto a la ventana entrando por Rivadavia, donde podía reunirse con amigos sin ser abordado por sus admiradores.


Actualidad




Actualmente el propietario del café es el Touring Club Argentino. La sala "La Bodega", en el subsuelo, es escenario de diferentes artistas de tango y jazz. En este último rubro, es destacable la permanencia de la Fénix Jazz Band, conjunto argentino de jazz tradicional que actúa todos los sábados, desde 1978. También se realizan presentaciones de libros y concursos de poesía. El café conserva la decoración de sus primeros años y la salida por la calle Rivadavia. Tiene además una biblioteca y, al fondo, mesas de billar y salones para jugar al dominó y a los dados.

Durante varios años, el programa de radio La venganza será terrible, conducido por Alejandro Dolina, se transmitió en vivo desde la bodega del Café Tortoni con presencia de público. Luego de la tragedia ocurrida en República Cromañón en diciembre de 2004, se decidió trasladar las transmisiones a un ambiente más amplio y seguro: el Hotel Bauen.



Café Tortoni en el tango


El Café Tortoni es recordado en el tango Viejo Tortoni, con letra de Héctor Negro y música de Eladia Blázquez, que ha sido cantado por Susana Rinaldi:

Se me hace que el palco llovizna recuerdos,
que allá en la avenida se asoman, tal vez,
bohemios de antaño y que están volviendo
quellos baluartes del viejo café.

Tortoni de ahora te habita aquel tiempo.
Historia que vive en tu muda pared.
Y un eco cercano de voces que fueron,
se acoda en las mesas, cordial habitué...
(Héctor Negro)


sábado, 25 de octubre de 2014

Mujeres argentinas/ Salvadora Medina Onrubia

En diálogo con sus amigos, en el clima mágico que iba siempre con él y que ubicaba sin sentirlo en su tiempo propio a los que compartían su conversación, Juan L. Ortiz solía recordar en su casa de Paraná, en la bajada de calle Buenos Aires a la vista del río, entre muchos otros a Salvadora, “la hermana mayor” que aparece como en un altar en alguno de sus poemas.

De Salvadora sabíamos por él que había sido maestra y periodista en Gualeguay, que era altruista y generosa sin límites con los escritores entrerrianos que iban a probar fortuna a Buenos Aires, cuando después de la muerte de su marido, Natalio Botana, se encargó de la dirección del diario Crítica, por entonces avanzada del periodismo argentino.
Salvadora Medina Onrubia nació en La Plata en 1894, en una familia de origen judío, hija de una ecuyere de circo a la que llamaban “Brasita de fuego” por el color de su pelo.
Jovencita, a los 15 años, se hizo anarquista impactada como puede acontecer a esa edad por el impresionante ejemplo de otro joven, el inmigrante ucraniano Simón Radowitzky, que mató con una bomba casera en 1909 al jefe de policía ejecutor de la masacre contra anarquistas en Buenos Aires el primero de mayo de ese año, conocida como “la semana roja” durante la presidencia de Figueroa Alcorta.
Salvadora, con sus pocos años y su condición femenina a cuestas, porque entonces era una carga, le pidió al presidente en una entrevista personal en la Casa Rosada por la libertad de Simón, pero no la consiguió. Figueroa Alcorta sabía quién era esa niña, y dicen que la respetaba tanto que su respeto lindaba con el temor.
Entonces ella ayudó a fugarse a Simón, pero el anarquista fue apresado nuevamente y confinado en la cárcel de Ushuaia durante 21 años. Cuando fue indultado, a la primera que recordó fue a Salvadora. Luego abandonó la Argentina, luchó en la guerra civil española en el bando republicano y murió en México. Todavía hoy, al pie del monumento del coronel Ramón Falcón, el jefe ajusticiado en las calles porteñas, aparece la leyenda “Simón vive”, porque hay cosas que no se olvidan.
Salvadora comenzó a colaborar en La Nación, El Hogar, Caras y Caretas con piezas dramáticas y de teatro para niños
En 1915 se casó con Natalio Botana, empresario uruguayo fundador del diario Crítica, que introdujo modificaciones fundamentales y muy creativas en la prensa argentina. El diario era sensacionalista y de tendencia conservadora, pero muy innovador gracias a Botana, que era aventurero y bohemio, y dio lugar a figuras como Roberto Arlt y Jorge Luis Borges, entre otros, abrió el camino a las grandes coberturas deportivas y fue el primer multimedio argentino.

Salvadora dirigió el diario después de morir su esposo en un accidente teñido de sospechas.
Si bien la relación de Salvadora con el gobierno de Yrigoyen no fue buena, ante todo por el incidente con motivo de Radowitzky, peor fue con la dictadura que lo volteó, encabezada por el general filofascista salteño José Félix Uriburu. Crítica atacó ferozmente a Yrigoyen antes de su caída, y la festejó en tapa, pero a poco se vio que Uriburu no era lo que esperaba y el nuevo César terminó clausurando el diario y mandando a prisión a Natalio y a Salvadora.

Cuando un grupo de intelectuales solicitaron a Uriburu “magnanimidad” para Salvadora por ser mujer, poeta y madre, ella desde la cárcel mandó una carta al presidente, al que ya algunos de los que habían propiciado el golpe de Estado llamaban en burla “von Pepe” por sus veleidades nazis y porque se llamaba José y se aprestaban a dejarlo solo primero y a voltearlo después.
En la Argentina el poder real estaba en manos de la oligarquía vacuna, que se debía en cuerpo y alma al Imperio Británico y nada podía por el momento desviar esa inclinación.
Salvadora no estuvo de acuerdo con la “magnanimidad” que reclamaban para ella, porque veía de lejos en que se fundaba el pedido y qué implicaba.
Desde la cárcel del Buen Pastor, le mandó a Uriburu esta carta, ejemplar por muchos motivos, escrita de manera casi clandestina a pesar de la intimidación de los carceleros:
“Acabo de enterarme del petitorio presentado al gobierno provisional pidiendo magnanimidad para mí. Agradezco a mis compañeros de letras su leal y humanitario gesto; reconozco el valor moral que han demostrado en este momento de cobardía colectiva al atreverse por mi piedad a desafiar sus tonantes iras de Júpiter doméstico. Pero no autorizo el piadoso pedido … Magnanimidad implica perdón de una falta. Y yo ni recuerdo faltas ni necesito magnanimidades.
Señor general Uriburu, yo sé sufrir. Se sufrir con serenidad y con inteligencia. Y desde ya lo autorizo que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más general y más presidente. Entre todas esas cosas defectuosas y subversivas en que yo creo, hay una que se llama karma, no es un explosivo, es una ley cíclica.
Esta creencia me hace ver el momento por que pasa mi país como una cosa inevitable, fatal, pero necesaria para despertar en los argentinos un sentido de moral cívica dormido en ellos. Y en cuanto a mi encierro: es una prueba espiritual más y no la más dura de las que mi destino es una larga cadena. Soporto con todo mi valor la mayor injuria y la mayor vergüenza con que puede azotarse a una mujer pura y me siento por ello como ennoblecida y dignificada. Soy, en este momento, como un símbolo de mi Patria. Soy en mi carne la Argentina misma, y los pueblos no piden magnanimidad.
En este innoble rincón donde su fantasía conspiradora me ha encerrado, me siento más grande y más fuerte que Ud., que desde la silla donde los grandes hombres gestaron la Nación, dedica sus heroicas energías de militar argentino a asolar hogares respetables y a denigrar e infamar una mujer ante los ojos de sus hijos … y eso que tengo la vaga sospecha de que Ud. debió salir de algún hogar y debió también tener una madre.
Pero yo sé bien que ante los verdaderos hombres y ante todos los seres dignos de mi país y del mundo, en este inverosímil asunto de los dos, el degradado y envilecido es Ud. y que usted, por enceguecido que esté, debe saber eso tan bien como yo.
General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio”.
Salvadora, capaz de enfrentar sin miramientos al poder que la tenía presa muestra con el estilo de la época lo que Frei Beto, preso también y torturado durante la dictadura militar en el Brasil, dijo con humor: “lo bueno de estar preso es que se puede hablar libremente de todo sin miedo a que te metan preso”.
Salvadora, a pesar de su talento, de su carácter indoblegable, de la novedad de sus actitudes políticas cuando las mujeres no tenían derecho al voto y estaban equiparadas legalmente con los menores, sufrió de todos modos aquel “karma” que pudo dejar perplejo a Uriburu si leyó su carta, que de todos modos se publicó en los diarios casi de inmediato.
Porque la causación universal que es el karma, no tanto la versión occidentalizada moralizante de la teosofía de Madame Blavatsky que conocía Salvadora, sino el del hinduísmo ortodoxo, sin antropocentrismo ni fines éticos, es la idea de que todo acto deja sus huellas, ninguno se pierde, las acciones que se van regresan y toman nueva forma en un círculo sin salida en la medida de que insistamos con nuevas acciones que generan nuevas reacciones. La “ley cíclica”, iba a recaer sobre el propio general antes o después. Fue mucho antes que después.
La historia la recordó como la mujer de Natalio Botana, en algunos casos como “La Venus Roja”. Los miembros de la oligarquía porteña la consideraban una oveja descarriada que no merecía respeto, entre otras cosas porque fue madre soltera, un pecado imperdonable entonces.
Pero además era anarquista, revolucionaria y muy inteligente y creadora. Nunca tuvo dudas de dónde estaba su lugar en la política, tomó parte activa en las luchas callejeras entre el ejército y los obreros durante la Semana Trágica y fue oradora en las manifestaciones.
Fue la primera mujer argentina encarcelada por motivos políticos, con el prontuario 21.849 de la policía federal.

Pasó su primera juventud en Gualeguay, en la zona rural donde fue maestra de campo y se inició en el periodismo en “El Diario”. Allí la conoció Juan L. Ortiz, que era unos años menor que ella y vivía en aquella ciudad tras su niñez en Puerto Ruiz y una breve estancia con sus padres en Villaguay.
De vuelta a Buenos Aires, Salvadora fue periodista en el diario anarquista La Protesta, PBT, Crítica y Caras y Caretas; escribió novelas como Akasha (otra reminiscencia teosófica), El vaso intacto, El misal de mi yoga, Alma fuerte, La solución, El hombre y su vida y “Las Descentradas”, que algunos críticos consideran su obra más interesante. Fue considerada en su tiempo “la Victoria Ocampo de los anarquistas”.
Salvadora parece contradictoria, pero siempre se ve la unidad que la movía y la claridad central a la que remitían sus contradicciones. Era apasionada hasta la violencia, vehemente, generosa, atrevida, audaz y transgresora mucho más de lo que se toleraba en una mujer en esos años.

Cuando creyó que sus tendencias no podían ser contenidas en Gualeguay se fue a Rosario, donde conoció a Alfonsina Storni, madre soltera y poeta como ella. Fue su amiga hasta el suicidio de Alfonsina, que enferma de cáncer se internó en el mar en la costa marplatense hasta desaparecer.
De Rosario se fue a Buenos Aires con su hijo Carlos, una aventura para la época, después de decirle a su madre, para tranquilizarla, que un compañero anarquista le había conseguido trabajo y pensión.
Redactora de La Protesta, pronunció su primer discurso desde los balcones del colegio Otto Krause. En una entrevista poco antes de su muerte, recordó aquellos años: “Vine a Buenos Aires porque quería vivir como una artista, y eso significaba para mí la libertad, la humanidad universal, todas las experiencias sexuales, y, por supuesto, la revolución, el fin del mundo de oprimidos y opresores, de pobres seres degradados como bestias…”
Crítica la mencionó como caso novedoso de inclusión de una mujer en una redacción periodística en una nota titulada “El caso de la señorita Onrubia”.

Botana se había cruzado alguna vez con la espléndida pelirroja y como Crítica se imprimía en los mismos talleres de La Protesta solía visitar a los linotipistas solo para verla. Si bien la nota que le consagró Crítica decía que “había traspasado las puertas de La Protesta sin advertir el peligro que corría”, Botana trasspasó también algunas puertas y no resistió el encanto de Salvadora, una mujer de gran belleza, que sostenía cosas que él no entendía muy bien, como la liberación femenina del dominio patriarcal y los ideales ácratas.
Pero Salvadora sólo se casó con Natalio cuando nació su hija Georgina y cayó en la cuenta que una niña sufriría mucho más que su hijo Carlos el estigma de ser “hija natural”, ilegítima.
Su nuera la entrevistó cuatro años antes de morir, ya enferma de leucemia, y debió contestar dos preguntas: sus nombres y si estaba embarazada de su hijo para casarse con él.
La nuera era Alicia Villoldo Botana, mujer de Tito, hermano de Carlos, que a los 25 años se destrozó la cabeza de un balazo frente a su hermano.
Ella recuerda que la secretaria de Salvadora era Emma Barrandeguy, otra escritora entrerriana muerta en 2006 en Gualeguay, y que fue archivista y redactora de Crítica.
Narra que debía llevar a Salvadora, anciana y enferma, a dar una vuelta por el barrio porteño donde vivía. Le pedía pasar frente a un supermercado de la calle Vicente López. Una vez frente al gran comercio, Salvadora gritaba: “abajo el capitalismo, fuera yanquis de América latina”.
La nota concluye: “Salvadora no se termina ni con la dolorosa desaparición de su hijo mayor ni con el fallecimiento de su marido -que murió en 1941 en un dudoso accidente de auto en Jujuy- ni con la expropiación de su diario por el gobierno peronista ni con la pérdida total de sus bienes materiales. Salvadora continúa viviendo sus karmas, escribiendo, amando a sus nietos y sobrinas, discutiendo con sus hijos y profundizando los estudios de teosofía con notable talento y energía”.
Transmigración
Yo soy la hierofántida de la Melancolía
custodio en sus altares grandes vasos votivos
mi voz grave, ennoblece, serena, los motivos
piadosos de los salmos que canto cada día.
En los divinos tiempos que Grecia florecía
yo los fuegos sagrados mantuve siempre vivos
y ya sola en el templo con mis dioses esquivos
de un tajo abrí mis venas…En mi larga agonía
de las turbas cristianas yo escuchaba las voces
fui la última pagana que murió con sus dioses!
Hoy mi alma rediviva presiente que como antes
al templo que custodia llega la turba ansiosa…
Volveré a abrir mis venas, y a los pies de la diosa
las gotas de mi sangre serán como diamantes.
Salvadora O. de Botana
Alfonsina Storni, por Felipe Pigna
Alfonsina Storni, por Felipe Pigna
Autor: Felipe Pigna
Cuando Alfonsina Storni dio a conocer el poema “La loba”, incluido en su primer libro, “La Inquietud del rosal” publicado en 1916, no tuvo gran repercusión inicial en el mundillo literario, pero sí en su actividad cotidiana: debió renunciar a su trabajo de oficina. Para sus patrones, que fuese madre soltera podía pasar, pero que lo proclamara desafiante en versos “escandalosos” era demasiado. Con el tiempo, la propia Alfonsina dirá “¡Dios te libre, amigo, de La inquietud del rosal! Pero lo escribí para no morir” en el encierro oficinesco, donde “el sol pasa por el techo pero no puedo verlo”. No obstante, en esa Argentina en proceso de cambio, mujeres  que  como Alfonsina rompían el molde tradicional, por momentos se sentían  como “lobas” frente al “rebaño de ovejas” que, al mismo tiempo, se burlaba de ellas y les temía.
Luego de perder su trabajo como oficinista, comenzó a ganarse la vida con sus colaboraciones enEl HogarMundo Argentino y La Nota y su columna “Bocetos Femeninos”, firmada como Tao Lao para La Nación.
Alfonsina había nacido en 1892, en el cantón suizo del Ticino, en una temporada en que sus padres (ítalo-suizos pero ya inmigrados a la Argentina) pasaron en su país de origen. Cuando tenía 4 años, la familia volvió a San Juan, donde comenzó la escuela primaria. Los negocios de su padre no iban bien y en 1901 se instalaron en Rosario. A los 13 años, como las “chicas del atado” de las que hablaba Roberto Arlt, tuvo que empezar a ayudar a su madre como “costurera para afuera”, para parar la olla. Al poco tiempo, al morir su padre, entró a trabajar en un taller que producía gorras, donde se vinculó al anarquismo. En 1907 probó suerte en el teatro; en la compañía de José Tallaví recorrió de gira buena parte del país, pero dos años después ingresó en la Escuela Normal Mixta de maestros rurales en Coronda y, para mantenerse, trabajó como celadora.
En 1911, ya recibida, mientras daba clases en Rosario comenzó a colaborar con revistas y se sumó al Comité Feminista santafesino, del que fue vicepresidenta. Pero ese mismo año dio “el mal paso”, quedó embarazada y decidió migrar a Buenos Aires, donde en abril de 1912, el año de la Ley Sáenz Peña, tuvo a su hijo, Alejandro. Nunca reveló quién fue el padre, pero la tradición oral (o la fábula) menciona a un político santafesino, diputado provincial, mayor que ella y, claro está, casado.
En Buenos Aires, Alfonsina, madre “natural” como dirían las leyes, se ganó la vida con los más diversos empleos: cajera de una farmacia, vendedora de la tienda Ciudad de México, empleada de una importadora de aceites, de la que tuvo que irse luego de publicar La inquietud del rosal.
Mientras por un tiempo fue celadora en una escuela en Parque Chacabuco, comenzó a desarrollar su carrera como periodista y escritora en El HogarMundo ArgentinoAtlántidaNosotrosLa Nota, hasta que en 1920 empezaron a aparecer sus columnas, firmadas Tao Lao, en La Nación. También dio clases en el Teatro Infantil Labardén y en el Conservatorio Nacional de Música y Declamación. Al mismo tiempo, mostraba una producción literaria que no muchos de sus colegas (masculinos o femeninos) podían igualar: El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919),Languidez (1920), Ocre (1925).
Según Roberto Giusti, militante socialista y director de Nosotros, Alfonsina fue la primera mujer que se integró al mundillo literario porteño, participando de los banquetes de escritores, entonces habituales. Eso, en un ambiente dominado por varones, posiblemente la hiciese parecer la “loba” fuera del “rebaño”, y también marcaba el tono de muchos de sus escritos, en los que tomaba en cuenta a un lector masculino. Sin embargo, su actitud estaba bastante lejos de querer apartarse de sus congéneres. Para fines de los años veinte, junto con la chilena Gabriela Mistral y la uruguaya Juana de Ibarbourou, Alfonsina integraba el trío de escritoras sudamericanas más reconocido. Era, además, ya un “personaje” de la vida literaria porteña, atacada desde los más diversos ángulos, el de los “patriarcas” literarios, como Leopoldo Lugones, y el de los “muchachos” de la vanguardia de entonces que se nucleaban en la revista Proa y luego en Martín Fierro. Así, Borges hablaba de “la chillonería de comadrita que suele inferirnos la Storni”. 2 No opinaban lo mismo, claro, sus amigos Roberto Giusti, Fermín Estrella Gutiérrez, Baldomero Fernández Moreno y Horacio Quiroga, ni algunos hombres “consagrados” como José Ingenieros o el ministro de Educación de Alvear, Antonio Sagarna, quien se encargó de que la nombraran profesora en la Escuela Normal de Lenguas Vivas. 
Para entonces, su participación en las tertulias literarias, como la famosa “Peña” del Café Tortoni, sus artículos y libros habían comenzado a ganar nuevos públicos para las autoras y nuevos espacios para la presencia femenina. Incluso mujeres de su misma generación, como Victoria Ocampo (dos años mayor que Alfonsina), que cobrarán notoriedad en los años treinta, le deberán esa tarea de precursora.
El resto es historia conocida, el cáncer, los desengaños, el dolor inconmensurable y el suicidio en Mar del Plata. Es de lamentar que a Alfonsina muchos argentinos la conozcan más por su muerte que por su vida y su maravillosa obra, su exquisita poesía y su compromiso con su tiempo. Fue otra víctima de esos seres, con representantes en todas las épocas, que pusieron mucho más empeño en juzgarla que en comprenderla, valorarla y contenerla. No entendieron nada, ni su vida ni su muerte.
Referencias:
1 Citado en Félix Luna (dir.), Alfonsina Storni, Colección Grandes Protagonistas de la Historia Argentina, Planeta, Buenos Aires, 1999, pág. 30.
2 Revista Proa (segunda época), Año 2, Nº 14, diciembre de 1925. En alguna ocasión, y como era frecuente en el grupo de la vanguardia literaria de entonces,